sábado, 11 de diciembre de 2010

¿Qué es la navidad para los cristianos?

Una de las respuestas:

Todas las iglesias evangélicas tienen similitudes.       

Lo interesante es que la Biblia y la Historia no apoyan la celebración de la Navidad. Ni los hebreos, ni los israelitas ni los discípulos de Jesús celebraron cumpleaños de personas. Ni aun siendo Jesús el Hijo de Dios se imaginaban tener una fiesta con el objetivo de celebrar cumpleaños.
*El árbol de navidad
*El susurro de los dioses
*El árbol siempre verde representa la potencia sexual, fertilidad, y era llevado a las casas para adorarlo como ídolo. A Lutero se le atribuye haber traído la costumbre a los hogares cristianos, aunque no hay prueba de ello.
*La estrella en la punta era las estrellas que los caldeos y astrólogos seguían en sus horóscopos, y no necesariamente la estrella que siguieron los magos de oriente..
*El primer árbol de navidad. Adonis que fue resucitado por la serpiente Escolapio; símbolo de inmortalidad

como dijo alguien por ay
EL ARBOL DE NAVIDAD ES UNA TRADICION DEL MUNDO
LAS ESFERAS BRILLOSAS SON UN HOMENAJE A OTROS
supuestos
dioses COMO EL SOL
UN ARBOL NO ES MALO SINO EL SIGNIFICADO DEL MISMO
Y SI ES TRADICION DE HOMBRES ES MEJOR NO ARMARLO Y SEGUIR LAS COSAS DE DIOS

Respuesta 2.
Yo pertenezco a la Iglesia China Alianza Cristiana y Misionera en Lima/Perú y si festejamos la Navidad, hacemos un programa especial de Navidad donde puede haber un culto especial por Navidad y se puede hacer una obra de teatro o una cantata que es una obra musical para invitar a los familiares y amigos en general para escuchar el mensaje de amor que nos ha dejado Jesucristo a todos nosotros sin excepción.
Decoramos nuestras casas con el arbolito y si gustan pueden colocar el nacimiento pero no veneramos imágenes, compartimos la venida del Señor Jesús a este mundo en la cena con la familia y amigos si hay, se ora antes de tomar los alimentos pa' q' Dios los bendiga y pasamos una bonita velada.

POEMA EVANGÉLICO, UNA FIESTA SIN EL FESTEJADO

¿Que es la Navidad? me pregunto uno de mis 6 sobrinos, con su carita alegre pero durativa...
- la navidad es.........-
conteste de inmediato... Pero me detuve antes de terminar mi respuesta...pues sin duda alguna...Ni siquiera yo entendía lo que es la navidad...
- la navidad...es..- continúe tratando de hilvanar una respuesta sencilla pero verdadera, algo que sus oídos tiernos pudieran captarme de la mejor manera.....pero me sorprendí que no salieran palabras de mi boca...me quede tan callada, casi ida fuera de este planeta......entonces tuve que hacer memoria reflexionando en esta festividad....
- ya contéstame - el niño me insistía...
entonces me acerque despacio hasta la silla donde el aguardaba mi respuesta...y le dije suavemente - la navidad eres tu...
- yo - me contesto sorprendido...
- si - complete a su asombrado gesto...la navidad eres tu, es tu hermanito, tus primitos, tus papas, tus abuelos, tus tíos, tus amigos, la navidad somos nosotros..Reflejados en el nacimiento de ese niño que vino al mundo de forma tan sencilla...Tan humilde, a morir por nosotros...Pero es importante que sepas que no siempre se quedo como niño...si no mas bien ese bebe que ponen en los pesebres asemejando ser el hijo de Dios, también creció y se hizo hombre...y mientras crecía Dios le daba mas conocimiento, ese niño ya hecho hombre fue tan especial, porque a cada paso que daba sanaba enfermos, daba vista a los ciegos y hacia caminar a los inválidos...en la Biblia no se señala el día exacto en que nació...pero eso no es tan importante, si no mas bien el día en que murió, en el tiempo de la pascua.. Porque fue ese día en que nos trajo vida, esperanza, y fe.
Por esa razón en lugar de hacer una gran fiesta para saciar a nuestra carne..Deberíamos mejor orar y agradecerle a Dios que viniese a rescatarnos..
- la navidad - termine por decirle es la acción de dar...Dios nos dio la vida de Jesús, a cambio de nuestros pecados...nosotros le damos obediencia a Dios, cambio de nuestra salvación y supervivencia en estos tiempos tan difíciles..
- navidad es igual a na.-vi.-dar...
- me entendiste - le dije mirándolo a los ojos...
- ya,- me contesto muy molesto....
- que mal que no sepas lo que es navidad, -
y se bajo de su silla apartándose de mi, para después salir a jugar con sus demás primos.
me quede pensando mientras lo observaba..
la Mayorga de la gente aun no entienden el significado de este día...
todos piensan que navidad es gastarse el poco dinero que ganan en costosos regalos, hacer cenas grandiosas para invitar a sus amigos a embriagarse, tirar cuetes, bailar y desvelarse...
ahora entiendo lo que es la navidad para el mundo.....
una fiesta de cumpleaños, donde no le abren la puerta.....al festejado...
que ironía..¿O no?

......FELICES FIESTAS......

DIOS TE BENDIGA.



El Nacimiento y la Infancia de Jesús

A. Introducción
Por el poder del Espíritu Santo Jesús es concebido en el vientre de María. Un ángel
Jesús es concebido se aparece en sueños a José, quien decide no abandonarla. Con motivo del censo viajan a Belén, donde tiene lugar el nacimiento de Jesús y por cuna tiene un pesebre. El ángel se presenta ante unos pastores, quienes van y lo buscan, y el niño recibe la adoración de los pastores. En cumplimiento de la ley, a los ocho días el niño es llevado a Jerusalén para su circunsiciòn.Días después vuelven a Jerusalen. para la prsentaciòn de Jesús en el templo donde le profetiza Simeon. De vuelta en Belén, reciben la visita de los sabios orientes, ante la persecución de Herodes, emprenden la huida de Egipto Herodes ordena entonces la matanza de los niños.
Muerto Herodes, la familia retorna de Egipto y finalmente se instala en Nasaret En un viaje a Jerusalén, el niño es perdido y encontrado en el templo Muy poco se sabe se la juventud de Jesús, etapa conocida como de su vida oculta en Nazaret.



El Nacimiento y la Infancia de Jesús

A. Introducción
Por el poder del Espíritu Santo Jesús es concebido en el vientre de María. Un ángel
Jesús es concebido se aparece en sueños a José, quien decide no abandonarla. Con motivo del censo viajan a Belén, donde tiene lugar el nacimiento de Jesús y por cuna tiene un pesebre. El ángel se presenta ante unos pastores, quienes van y lo buscan, y el niño recibe la adoración de los pastores. En cumplimiento de la ley, a los ocho días el niño es llevado a Jerusalén para su circuncisión.
Días después vuelven a Jerusalén para la presentación de Jesús en el templo, donde le profetiza Simeón. De vuelta en Belén, reciben la visita de los sabios de Oriente y, ante la persecución de Herodes, emprenden la huida a Egipto. Herodes ordena entonces la matanza de los niños.
Muerto Herodes, la familia retorna de Egipto y finalmente se instala en Nazaret. En un viaje a Jerusalén, el niño es perdido y encontrado en el templo. Muy poco se sabe se la juventud de Jesús, etapa conocida como de su vida oculta en Nazaret.


Textos Bíblicos

La Biblia al Día
Reina Valera 1960
Dios Habla Hoy
Nueva Versión Internacional
Jesús es Concebido (Mateo 1:18-25)

18Voy a relatarles los acontecimientos que culminaron con el nacimiento de Jesucristo. Su madre, María, estaba comprometida con José. Pero antes de la boda, el Espíritu Santo hizo que quedara encinta. 19José, el novio, hombre de rígidos principios, quiso romper el compromiso, aunque en secreto, para no manchar el buen nombre de la joven. 20Pensando en esto se quedó dormido y soñó que un ángel se detenía junto a él.
—José, hijo de David —le dijo el ángel—, no temas casarte con María, porque el hijo que lleva en las entrañas se lo ha hecho concebir el Espíritu Santo. 21Ese hijo nacerá, y le pondrás por nombre Jesús, que quiere decir “Salvador”, porque salvará a su pueblo del pecado. 22Con esto se cumplirá lo que el Señor anunció a través del profeta que dijo:
23“La virgen concebirá y tendrá un hijo llamado Emanuel, (Dios está con nosotros)”.
24Al despertar de aquel sueño, José obedeció las palabras del ángel y se casó con María, 25aunque ésta permaneció virgen hasta que nació su hijo. Cuando el niño nació, José le puso por nombre Jesús.
18El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. 19José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. 20Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. 24Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. 25Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.

18El origen de Jesucristo fue este: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes que vivieran juntos, se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo. 19José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto. 20Ya había pensado hacerlo así, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo. 21María tendrá un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados."
22Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta:
23 "La virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrán por nombre Emanuel" (que significa: "Dios con nosotros").
24Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y tomó a María por esposa. 25Y sin haber tenido relaciones conyugales, ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.
18El nacimiento de Jesús, el Cristo, fue así: Su madre, María, estaba comprometida para casarse con José, pero antes de unirse a él, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. 19Como José, su esposo, era un hombre justo y no quería exponerla a vergüenza pública, resolvió divorciarse de ella en secreto. 20Pero cuando él estaba considerando hacerlo, se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. 21Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados." 22Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta:
23"La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel" (que significa "Dios con nosotros"). 24Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a María por esposa. 25Pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo, a quien le puso por nombre Jesús.

1Poco después del nacimiento de Juan, el emperador romano César Augusto decretó que se levantara un censo en todos sus dominios. 2En aquellos días era Cirenio gobernador de Siria.
3Según lo dispuesto, la gente tenía que regresar a la ciudad de sus antepasados para inscribirse. 4Y como José era miembro de la familia real, tuvo que ir desde la provincia galilea de Nazaret hasta Belén de Judea, pueblo natal del rey David. 5Con él llevó a María, su prometida, que estaba encinta.
6Estando en Belén, se le presentó el alumbramiento, 7y dio a luz a su primer hijo. Lo envolvió en panales y lo acostó en un pesebre, porque no habían hallado habitación en el mesón del pueblo.
1Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. 3E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. 4Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 5para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
1Por aquel tiempo, el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo. 2Este primer censo fue hecho siendo Quirinio gobernador de Siria. 3Todos tenían que ir a inscribirse a su propio pueblo.
4Por esto, José salió del pueblo de Nazaret, de la región de Galilea, y se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David. 5Fue allá a inscribirse, junto con María, su esposa, que se encontraba encinta. 6Y sucedió que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz. 7Y allí nació su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón.
1Por aquellos días Augusto César decretó que se levantara un censo en todo el imperio romano. 2(Este primer censo se efectuó cuando Cirenio gobernaba en Siria.) 3Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo. 4También José, que era descendiente del rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la ciudad de David, 5para inscribirse junto con María su esposa. Ella se encontraba encinta 6y, mientras estaban allí, se le cumplió el tiempo. 7Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.

8Por la noche, varios pastores velaban su rebaño. 9De pronto, un ángel se les apareció y la gloria del Señor iluminó el paisaje. Los pastores temblaban de espanto, 10pero el ángel les dijo:
—¡No teman, que he venido a darles noticias que henchirán de gozo el corazón de los hombres! 11Hoy, en el pueblo de Belén, ha nacido el Salvador, Cristo el Señor. 12¿Cómo lo reconocerán? Hallarán a un niño envuelto en pañales en un pesebre.
13Y repentinamente una inmensa multitud de las huestes celestiales entonó un canto de alabanza al Señor:
14“Gloria a Dios en las alturas y paz en ¡a tierra para los que procuran agradarle!”
15Cuando aquel gran ejército angelical regresó al cielo, los pastores se dijeron:
— ¡Vamos, vamos! ¡Corramos a Belén! ¡Corramos a presenciar estas maravillas que el Señor nos ha manifestado!
16Corrieron al pueblo y encontraron a María y a José, y junto a éstos, reposando en el pesebre, al recién nacido. 17Los pastores contaron lo que les había sucedido y lo que el ángel les había dicho del niño.
18Los que escucharon las palabras de los pastores se quedaron asombrados, pero María atesoraba estas cosas en su corazón y muchas veces meditaba en ellas.
20Los pastores regresaron al campo y a sus rebaños, alabando a Dios por la visita de los ángeles y porque habían visto al niño tal como se les había dicho.
8Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. 9Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 13Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:
14 ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
15Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. 16Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. 19Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.
8Cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas. 9De pronto se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor brilló alrededor de ellos; y tuvieron mucho miedo. 10Pero el ángel les dijo: "No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos: 11Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. 12Como señal, encontrarán ustedes al niño envuelto en pañales y acostado en un establo."
13En aquel momento aparecieron, junto al ángel, muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían:
14 "¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!"
15Cuando los ángeles se volvieron al cielo, los pastores comenzaron a decirse unos a otros:
—Vamos, pues, a Belén, a ver esto que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado.
16Fueron de prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el establo. 17Cuando lo vieron, se pusieron a contar lo que el ángel les había dicho acerca del niño, 18y todos los que lo oyeron se admiraban de lo que decían los pastores. 19María guardaba todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente. 20Los pastores, por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho.
8En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños. 9Sucedió que un ángel del Señor se les apareció. La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor. 10Pero el ángel les dijo: "No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. 11Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. 12Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre." 13De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían:
14"Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad." 15Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: "Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer." 16Así que fueron de prisa y encontraron a María y a José, y al niño que estaba acostado en el pesebre. 17Cuando vieron al niño, contaron lo que les habían dicho acerca de él, 18y cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores decían. 19María, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas. 20Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había dicho.

21Ocho días más tarde, llegada la hora de circuncidar al niño, le pusieron el nombre de Jesús, como había indicado el ángel antes de que fuera concebido.
21Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido.
21A los ocho días circuncidaron al niño, y le pusieron por nombre Jesús, el mismo nombre que el ángel le había dicho a María antes que ella estuviera encinta.
21Cuando se cumplieron los ocho días y fueron a circuncidarlo, lo llamaron Jesús, nombre que el ángel le había puesto antes que fuera concebido.

22Cuando llegó el día en que correspondía llevar al Templo la ofrenda de la purificación de María, según requiere la ley de Moisés que se haga después que nace un niño, sus padres llevaron a Jesús a Jerusalén a presentarlo al Señor, 23porque la ley de Dios dice: “Si el primer hijo de una mujer es varón, deben dedicarlo al Señor”. 24Aprovechando la ocasión, los padres de Jesús presentaron el sacrificio de la purificación, que según la ley de Dios era un par de tórtolas o dos palominos.
25Aquel mismo día un hombre de Jerusalén llamado Simeón estaba en el Templo. Era un buen hombre, muy devoto y lleno del Espíritu Santo. Simeón esperaba que en cualquier momento apareciera el Mesías, 26porque el Espíritu Santo le había revelado que no moriría hasta que viera al ungido del Señor. 27Aquel día el Espíritu Santo lo había impulsado a ir al Templo. Cuando María y José llegaron a presentar al niño Jesús en obediencia a la ley, 28Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios 29con las siguientes palabras:
—Señor, ya puedo morir contento, porque he visto a quien me prometiste que vería. 30¡He visto al Salvador 31que has dado al mundo! 32¡Él es la luz que alumbrará a las naciones! ¡Él es la gloria de tu pueblo Israel!
33José y María quedaron paralizados de asombro ante lo que se decía de Jesús. 34,35Simeón lo bendijo, pero dijo a Maria:
—Una espada te traspasará el alma, porque muchos en Israel rechazarán a este niño, y esto en perjuicio de ellos mismos. Pero para otros Él será motivo de regocijo. Y los más íntimos pensamientos de muchos corazones serán revelados.
36,37Aquel día estaba también en el Templo Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu judía de Aser. Era una ancianita que ochenta y cuatro años atrás había enviudado tras siete años de matrimonio. Jamás salía del Templo, y se pasaba las noches y los días adorando a Dios, orando y a veces en ayuno. 38Mientras Simeón hablaba con María y José, se acercó y se puso también a dar gracias a Dios y a proclamar la llegada del Mesías a los ciudadanos de Jerusalén que esperaban la llegada del Salvador.
22Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor 23(como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), 24y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos. 25Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 28él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:
29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 30 Porque han visto mis ojos tu salvación, 31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; 32 Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel.
33Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. 34Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha 35(y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.
36Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, 37y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. 38Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
22Cuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse según la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentárselo al Señor. 23Lo hicieron así porque en la ley del Señor está escrito: "Todo primer hijo varón será consagrado al Señor." 24Fueron, pues, a ofrecer en sacrificio lo que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones de paloma.
25En aquel tiempo vivía en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Era un hombre justo y piadoso, que esperaba la restauración de Israel. El Espíritu Santo estaba con Simeón, 26y le había hecho saber que no moriría sin ver antes al Mesías, a quien el Señor enviaría. 27Guiado por el Espíritu Santo, Simeón fue al templo; y cuando los padres del niño Jesús lo llevaron también a él, para cumplir con lo que la ley ordenaba, 28Simeón lo tomó en brazos y alabó a Dios, diciendo:
29 "Ahora, Señor, tu promesa está cumplida: puedes dejar que tu siervo muera en paz.
30 Porque ya he visto la salvación 31 que has comenzado a realizar a la vista de todos los pueblos, 32 la luz que alumbrará a las naciones y que será la gloria de tu pueblo Israel."
33El padre y la madre de Jesús se quedaron admirados al oir lo que Simeón decía del niño. 34Entonces Simeón les dio su bendición, y dijo a María, la madre de Jesús:
—Mira, este niño está destinado a hacer que muchos en Israel caigan o se levanten. Él será una señal que muchos rechazarán, 35a fin de que las intenciones de muchos corazones queden al descubierto. Pero todo esto va a ser para ti como una espada que atraviese tu propia alma.
36También estaba allí una profetisa llamada Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era ya muy anciana. Se casó siendo muy joven, y había vivido con su marido siete años; 37hacía ya ochenta y cuatro años que se había quedado viuda. Nunca salía del templo, sino que servía día y noche al Señor, con ayunos y oraciones. 38Ana se presentó en aquel mismo momento, y comenzó a dar gracias a Dios y a hablar del niño Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.
22Así mismo, cuando se cumplió el tiempo en que, según la ley de Moisés, ellos debían purificarse, José y María llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. 23Así cumplieron con lo que en la ley del Señor está escrito: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor". 24También ofrecieron un sacrificio conforme a lo que la ley del Señor dice: ün par de tórtolas o dos pichones".
25Ahora bien, en Jerusalén había un hombre llamado Simeón, que era justo y devoto, y aguardaba con esperanza la redención de Israel. El Espíritu Santo estaba con él 26y le había revelado que no moriría sin antes ver al Cristo del Señor. 27Movido por el Espíritu, fue al templo. Cuando al niño Jesús lo llevaron sus padres para cumplir con la costumbre establecida por la ley, 28Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios:
29"Según tu palabra, Soberano Señor, ya puedes despedir a tu siervo en paz. 30Porque han visto mis ojos tu salvación, 31que has preparado a la vista de todos los pueblos: 32luz que ilumina a las naciones y gloria de tu pueblo Israel."
33El padre y la madre del niño se quedaron maravillados por lo que se decía de él. 34Simeón les dio su bendición y le dijo a María, la madre de Jesús: "Este niño está destinado a causar la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y a crear mucha oposición, 35a fin de que se manifiesten las intenciones de muchos corazones. En cuanto a ti, una espada te atravesará el alma." 36Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era muy anciana; casada de joven, había vivido con su esposo siete años, 37y luego permaneció viuda hasta la edad de ochenta y cuatro. Nunca salía del templo, sino que día y noche adoraba a Dios con ayunos y oraciones. 38Llegando en ese mismo momento, Ana dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

1Jesús nació en un pueblecito de Judea llamado Belén, durante el reinado de Herodes. Después llegaron a Jerusalén varios astrólogos del oriente, 2y preguntaron:
—¿Dónde está el rey de los judío. que nació? Vimos su estrella en el lejano oriente y venimos a adorarlo.
3La ciudad entera se asombró de aquella pregunta. El rey Herodes, turbado, 4inmediatamente convocó a los jefes religiosos judíos.
—¿Saben ustedes si los profetas especifican dónde nacerá el Mesías? —les preguntó.
5—El Mesías nacerá en Belén —le respondieron—. El profeta Miqueas escribió: 6Y tú, aldehuela de Belén, no eres la menos importante de Judea; porque de ti saldrá un caudillo que guiará a mi pueblo Israel.
7Entonces Herodes mandó buscar secretamente a los astrólogos, y averiguó la fecha exacta en que habían visto por primera vez la estrella.
8Vayan a Belén y busquen al niño —les dijo—. Cuando lo encuentren, pasen por aquí a informarme, para que yo también pueda ir a adorarlo.
9Al terminar la audiencia con el rey, los astrólogos reanudaron el viaje. Inmediatamente la estrella se les apareció de nuevo y se detuvo en Belén, ¡sobre la casa donde estaba el niño!
10,11Rebosantes de alegría, entraron en la casa donde estaba el niño con María su madre, y se postraron ante Él para adorarlo. Luego abrieron sus alforjas y le ofrecieron oro, incienso y mirra.
12Cuando los astrólogos regresaron, no pasaron por Jerusalén a informar a Herodes, porque Dios les avisó en sueños que se fueran por otro camino. Y así lo hicieron.
1Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, 2diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. 3Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. 4Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.
7Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; 8y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. 9Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. 10Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. 12Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
1Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios del Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, 2y preguntaron:
—¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo.
3El rey Herodes se inquietó mucho al oír esto, y lo mismo les pasó a todos los habitantes de Jerusalén. 4Mandó el rey llamar a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Mesías. 5Ellos le dijeron:
—En Belén de Judea; porque así lo escribió el profeta:
6 ‘En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre las principales ciudades de esa tierra; porque de ti saldrá un gobernante que guiará a mi pueblo Israel.’
7Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios, y se informó por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. 8Luego los mandó a Belén, y les dijo:
—Vayan allá, y averigüen todo lo que puedan acerca de ese niño; y cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a rendirle homenaje.
9Con estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10Cuando los sabios vieron la estrella, se alegraron mucho. 11Luego entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre; y arrodillándose le rindieron homenaje. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. 12Después, advertidos en sueños de que no debían volver a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
1Después que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente. 2--¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? --preguntaron--. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo.
3Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. 4Así que convocó de entre el pueblo a todos los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5--En Belén de Judea --le respondieron--, porque esto es lo que ha escrito el profeta: 6"'Pero tú, Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre los principales de Judá; porque de ti saldrá un príncipe que será el pastor de mi pueblo Israel.' 7Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. 8Los envió a Belén y les dijo: --Vayan e infórmense bien de ese niño y, tan pronto como lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore.
9Después de oír al rey, siguieron su camino, y sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10Al ver la estrella, se llenaron de alegría. 11Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra. 12Entonces, advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Huida a Egipto (Mateo 2:13-15)

13Al partir los visitantes, un ángel del Señor se le apareció a José en sueños y le dijo: —Levántate y huye a Egipto con el niño y su madre, y quédate allá hasta que yo te avise, porque el rey Herodes va a tratar de matar al niño.
14Aquella misma noche partió José hacia Egipto con María y el niño, 15donde habrían de permanecer hasta la muerte del rey Herodes. Así se cumplió la predicción del profeta: “De Egipto llamé a mi Hijo”.
13Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. 14Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.
13Cuando ya los sabios se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José, y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo."
14José se levantó, tomó al niño y a su madre, y salió con ellos de noche camino de Egipto, 15donde estuvieron hasta que murió Herodes. Esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: "De Egipto llamé a mi Hijo."
13Cuando ya se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo." 14Así que se levantó cuando todavía era de noche, tomó al niño y a su madre, y partió para Egipto, 15donde permaneció hasta la muerte de Herodes. De este modo se cumplió lo que el Señor había dicho por medio del profeta: "De Egipto llamé a mi hijo."
Matanza de los Niños (Mateo 2:16-18)

16Herodes, furioso por la burla de los astrólogos, ordenó a sus soldados que fueran a Belén y sus alrededores y mataran a todos los niños varones de dos años para abajo. De esta manera, pensaba, mataría al Mesías, porque los astrólogos le habían dicho que la estrella se les había aparecido por primera vez hacía aproximadamente dos años. 17Con aquella brutal acción de Herodes se cumplió la profecía de Jeremías: “Gritos de agonía, llanto incontenible se escuchan en Ramá; es Raquel que llora desconsolada la muerte de sus hijos.
16Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. 17Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo:
18 Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.
16Al darse cuenta Herodes de que aquellos sabios lo habían engañado, se llenó de ira y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo que vivían en Belén y sus alrededores, de acuerdo con el tiempo que le habían dicho los sabios. 17Así se cumplió lo escrito por el profeta Jeremías:
18 "Se oyó una voz en Ramá, llantos y grandes lamentos. Era Raquel, que lloraba por sus hijos y no quería ser consolada porque ya estaban muertos."
16Cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios se habían burlado de él, se enfureció y mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén y en sus alrededores, de acuerdo con el tiempo que había averiguado de los sabios. 17Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: 18"Se oye un grito en Ramá, llanto y gran lamentación; es Raquel que llora por sus hijos y rechaza el consuelo, porque ya no viven."
Retorno de Egipto (Mateo 2:19-21)

19Pero cuando Herodes murió, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José en Egipto, y le dijo: 20Levántate y regresa con el niño y su madre a Israel, porque los que estaban tratando de matarlo ya murieron.
21Por lo tanto, regresó inmediatamente a Israel con Jesús y su madre.
19Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, 20diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño. 21Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel.
19Pero después que murió Herodes, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José, en Egipto, y le dijo: 20"Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y regresa a Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño."
21Entonces José se levantó y llevó al niño y a su madre a Israel.
19Después que murió Herodes, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José en Egipto 20y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel, que ya murieron los que amenazaban con quitarle la vida al niño." 21Así que se levantó José, tomó al niño y a su madre, y regresó a la tierra de Israel.
Regreso a Nazaret (Mateo 2:22-23, Lucas 2:39-40)

Mateo 2:22-23
22Pero en el camino se enteró de que Arquelao, hijo de Herodes, había ocupado el trono, y tuvo miedo.
No mucho después se le avisó en sueños que no fuera a Judea. Se fueron entonces a Galilea, 23y radicaron en Nazaret. Así se cumplieron las predicciones de los profetas que afirmaban que el Mesías sería llamado nazareno.
Mateo 2:22-23
22Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea, 23y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.
Mateo 2:22-23
22Pero cuando supo que Arquelao estaba gobernando en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y habiendo sido advertido en sueños por Dios, se dirigió a la región de Galilea. 23Al llegar, se fue a vivir al pueblo de Nazaret. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dijeron los profetas: que Jesús sería llamado nazareno.
Mateo 2:22-23
22Pero al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Advertido por Dios en sueños, se retiró al distrito de Galilea, 23y fue a vivir en un pueblo llamado Nazaret. Con esto se cumplió lo dicho por los profetas: "Lo llamarán nazareno."

Lucas 2:39-40
39Los padres de Jesús cumplieron las prescripciones de la ley del Señor y regresaron a Nazaret de Galilea. 40Allí el niño se fue convirtiendo en un fuerte y robusto muchacho que descollaba por su sabiduría. Y Dios derramó en Él sus bendiciones.
Lucas 2:39-40
39Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
Lucas 2:39-40
39Después de haber cumplido con todo lo que manda la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret. 40Y el niño crecía y se hacía más fuerte, estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios.
Lucas 2:39-40
39Después de haber cumplido con todo lo que exigía la ley del Señor, José y María regresaron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret. 40El niño crecía y se fortalecía; progresaba en sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba.

41,42A los doce años Jesús acompañó a sus padres a Jerusalén en ocasión de las fiestas pascuales, a las que todos los años asistían. 43Una vez terminadas las celebraciones, partieron de regreso a Nazaret, pero Jesús se quedó en Jerusalén. 44Sus padres no se dieron cuenta durante aquel primer día, porque dieron por sentado que andaba con algunos amigos que viajaban con ellos en la caravana. Pero al ver que caía la noche y no aparecía, se pusieron a buscarlo entre los parientes y amigos; 45y al no hallarlo, regresaron a Jerusalén.
46,47Tres días más tarde lo encontraron en el Templo, sentado entre los maestros de la ley y metido en discusiones tan profundas que aun aquellos expertos se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. 48Al hallarlo allí sentado tranquilamente, sus padres se quedaron casi sin habla.
— ¡Hijo! —dijo su madre al fin—. ¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado desesperados buscándote por todas partes.
49—¿Por qué me buscaban? —le respondió Jesús—. ¿No se les ocurrió pensar que estaba en el Templo ocupado en los asuntos de mi Padre?
50Pero no lo entendieron.
41Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; 42y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. 43Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. 44Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos; 45pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. 46Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. 47Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. 48Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. 49Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? 50Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.
41Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. 42Y así, cuando Jesús cumplió doce años, fueron allá todos ellos, como era costumbre en esa fiesta. 43Pero pasados aquellos días, cuando volvían a casa, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. 44Pensando que Jesús iba entre la gente, hicieron un día de camino; pero luego, al buscarlo entre los parientes y conocidos, 45no lo encontraron. Así que regresaron a Jerusalén para buscarlo allí.
46Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47Y todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. 48Cuando sus padres lo vieron, se sorprendieron; y su madre le dijo:
—Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia.
49Jesús les contestó:
—¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre? 50Pero ellos no entendieron lo que les decía.
41Los padres de Jesús subían todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. 42Cuando cumplió doce años, fueron allá según era la costumbre. 43Terminada la fiesta, emprendieron el viaje de regreso, pero el niño Jesús se había quedado en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. 44Ellos, pensando que él estaba entre el grupo de viajeros, hicieron un día de camino mientras lo buscaban entre los parientes y conocidos. 45Al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en su busca.
46Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47Todos los que le oían se asombraban de su inteligencia y de sus respuestas. 48Cuando lo vieron sus padres, se quedaron admirados. --Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? --le dijo su madre--. ¡Mira que tu padre y yo te hemos estado buscando angustiados! 49--¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre? 50Pero ellos no entendieron lo que les decía.
Vida oculta en Nazaret (Lucas 2:51-52)

51Regresaron a Nazaret, y su madre atesoró en el corazón estas cosas.
Jesús obedecía a sus padres, 52y mientras tanto crecía en estatura y en sabiduría, cautivaba el amor de Dios y de los hombres.
51Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
52Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.
51Entonces volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos en todo. Su madre guardaba todo esto en su corazón. 52Y Jesús seguía creciendo en sabiduría y estatura, y gozaba del favor de Dios y de los hombres.
51Así que Jesús bajó con sus padres a Nazaret y vivió sujeto a ellos. Pero su madre conservaba todas estas cosas en el corazón. 52Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente.


Bosquejo
(Fuente: Wiersbe, Warren W.: Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT. Nashville, TN: Editorial Caribe Inc., 2000.)
1. La promesa de Dios cumplida (Mateo 1:18–25)
El «desposorio» (compromiso) entre los judíos era tan serio como el matrimonio. Cuando José descubrió la condición de María, dio por sentado, como es natural, que ella le había sido infiel. Nótese su prudencia: «Pensando él en esto» (v. 20). ¡Cuán importante es ser «lento para la ira» y considerar los asuntos exhaustivamente! (véase Pr 21:5).
De acuerdo a Deuteronomio 22:23–24 María podía haber sido apedreada. Hay evidencias de que los judíos no obedecían esta ley, sino que lo que más permitían era que la parte inocente se divorciara de su cónyuge infiel. José tuvo que tener gran fe para creer el mensaje de Dios en el sueño. Su amor por Dios y por María le hicieron estar dispuesto a «llevar el oprobio» por Cristo. ¡Imagínese cómo habrán hablado los vecinos! En Juan 8:41 hay una sugerencia de que los judíos difamaban del nacimiento de Cristo, dando a entender que había nacido de fornicación. Satanás siempre ha atacado la verdad del nacimiento virginal, porque cuando lo hace, niega a la persona y obra de Cristo y la verdad de la Biblia.
El nombre Jesús significa «Salvador» y es una versión griega del nombre hebreo «Josué». En el AT hay dos Josué bien conocidos: el soldado que guió a Israel en su entrada a Canaán (véase el libro de Josué), y el sumo sacerdote mencionado en Zacarías 2. Cristo es nuestro capitán de Salvación, conduciéndonos a la victoria. Él es nuestro gran sumo Sacerdote, representándonos ante el trono de Dios.
El nacimiento de Cristo cumple la profecía de Isaías 7:14. Lea Isaías 7 muy cuidadosamente. Acaz estaba a punto de ser atacado por Rezín, rey de Siria, y Peka, rey de Israel. El Señor envió a Isaías para animar a Acaz (7:1–9) y para darle una señal. Acaz fingió ser muy piadoso y rechazó la señal. De modo que Dios le dio la señal a toda la casa de David, no sólo a Acaz (véase 7:13). La señal es al nacimiento de Emanuel («Dios con nosotros») a la madre virgen. Esta señal no tenía nada que ver con Acaz en ese tiempo. En Isaías 8 Dios le dio a Acaz su señal al usar al hijo de Isaías para ello. (Nótese: la palabra hebrea en Isaías 7:14 y la palabra griega en Mateo 1:23 puede significar solamente virgen.)
Debemos admirar la obediencia inmediata de José (v. 24). Se cuidó de mantener pura su relación con María. En la Biblia hay sólo cuatro maneras de recibir un cuerpo: (1) sin hombre ni mujer: como lo recibió Adán, hecho del polvo de la tierra; (2) con un hombre, pero sin mujer: como Eva, hecha de la costilla de Adán; (3) con un hombre y una mujer: como nacemos todos los seres humanos; o (4) con una mujer, pero sin hombre: como nació Jesús, teniendo sin dudas una madre humana pero no un padre biológico. Era importante que Jesús naciera de una virgen para que pudiera tener una naturaleza humana sin pecado, concebido por el Espíritu Santo (véase Lc 1). Puesto que existía desde antes de la creación del hombre, ¿cómo podía jamás nacer de un padre y madre humanos? Cada nuevo bebé es un ser que nunca antes ha existido. El modernista que niega el nacimiento virginal de Cristo niega su eterna Deidad. O bien Él es Dios, o es un impostor.
«Para que se cumpliese» (v. 22) es una frase favorita de Mateo. La usa por lo menos doce veces para demostrar que Jesús dio cumplimiento a las profecías dadas en las Escrituras del AT.

2. Adviento (Lucas 2:1-7)
Que Jesús naciera en Belén estaba ordenado por Dios mucho antes de que César Augusto dictara su decreto (Miq 5:2; Hch 15:18). El difícil viaje de tres días desde Nazaret hasta Belén tal vez tomó más tiempo de lo común debido a la condición de María. A algunos predicadores y otras personas que presentan dramas de Navidad les gustan condenar al mesonero porque no le dio a María un lugar decente para dar a luz a su Bebé, pero la Biblia guarda silencio sobre el asunto. Quizás el «mesón» era un típico «paradero de caravanas» oriental, una estructura de dos pisos (el nivel bajo estaba destinado a los animales), construido alrededor de un patio donde los viajeros podían acampar. Jesús debe haber nacido en uno de los establos del ganado; y el pesebre para dar comida a los animales fue su cuna. Véanse Filipenses 2:1–11 y 2 Corintios 8:9.

3. Anuncio (Lucas 2:8-20)
En ese época se consideraba que los pastores estaban en el peldaño más bajo de la escala social. Su trabajo no sólo los obligaba a estar distantes del templo y de la sinagoga, sino que los hacía ceremonialmente impuros. Sin embargo, en su gracia, Dios dio el primer anuncio del nacimiento del Salvador a humildes pastores (véase 1:52).
¿Fue Gabriel el ángel que apareció? ¡Qué privilegio tuvo este mensajero de proclamar el nacimiento del Mesías! Nosotros tenemos el privilegio de llevar al mundo las buenas nuevas y los ángeles no pueden ocupar nuestro lugar. Las «huestes de ángeles que cantaban» proclamaron la gloria del Señor. El Evangelio de Lucas está lleno de alabanza (1:64; 2:13, 28; 5:25–26; 7:16; 13:13; 17:15, 18; 18:43; 19:37; 23:47; 24:53). La famosa «paz romana» (pax romana) estaba en efecto desde el año 27 a.C.; pero no había una paz verdadera en la tierra, ni tampoco la habrá hasta que el Príncipe de Paz reine en el trono de David.
Los primeros embajadores humanos del evangelio fueron los humildes pastores que acudieron aprisa a Belén y le dijeron a todo el mundo lo que habían visto y oído (Hch 4:20). El verbo griego «hallaron» en el versículo 16 significa «hallaron después de buscarlo». Los sabios tuvieron una estrella que les guió (Mt 2), pero todo lo que los pastores tenían era la señal que les había dado el ángel (v. 12). Los pastores, como los ángeles antes de ellos, alabaron y glorificaron a Dios (v. 20).

4. Adoración (Lucas 2:21-40)
Jesús nació «bajo la ley» (Gl 4:4) y por consiguiente fue circuncidado al octavo día (Gn 17:12) y se le puso por nombre «Jesús», que significa «Jehová es mi salvación». Pero había otras dos leyes del AT que María y José tenían que obedecer: la purificación de la madre después de cuarenta días (Lv 12) y la redención del primogénito (Éx 13:1–12). ¡El Redentor fue redimido! Debido a que María y José eran demasiado pobres para comprar una oveja, compraron dos aves.
Había un remanente de judíos creyentes esperando por su Redentor (v. 38); Simeón y Ana se encontraban entre ellos. No sabemos la edad de Simeón, pero es posible que era anciano. El Espíritu les enseñó y los trajo a ambos, de modo que él estaba allí justo cuando María y José vinieron con el Bebé. ¡Lo asombroso respecto a su himno de alabanza es que incluyó a los gentiles! Estaba listo para morir porque había visto con sus propios ojos al Mesías. Simeón bendijo a Dios y también bendijo a María y a José; pero no bendijo al Bebé; porque Jesús es la fuente de toda bendición. María sintió «la espada» en su corazón repetidamente al observar a su Hijo durante su ministerio y estuvo al pie de la cruz cuando Él murió (Jn 19:25–27).
¿Qué edad tenía Ana? Depende de cómo se interprete el texto. ¿Tenía veintiocho años, o hacía veintiocho años que había enviudado? Si es lo último, tenía más de cien años de edad. (Las muchachas judías se casaban en la temprana adolescencia.) Como Simeón, estuvo en el lugar preciso en el tiempo preciso, y fue y les dijo a otros lo que había visto. Ana fue una de las profetizas que encontramos en las Escrituras: las otras son Miriam (Éx 15:20), Débora (Jue 4:4), Hulda (2 R 22:14), Noadías (Neh 6:14), la mujer de Isaías (Is 8:3) y las hijas de Felipe (Hch 21:8–9).

5. El homenaje que se le rindió al Rey (Mateo 2:1–12)
Estos «magos» eran sabios, astrólogos orientales que estudiaban las estrellas y procuraban entender los tiempos. Eran gentiles que llamados especialmente por Dios para venir y rendirle homenaje al recién nacido Rey. Tal vez haya una referencia a la estrella milagrosa en la profecía de Balaam en Números 24:17. No sabemos cuántos sabios vinieron, ni de dónde vinieron, ni cuáles eran sus nombres. Las tradiciones familiares de la Navidad no siempre tienen respaldo escriturario.
El título de Jesús, «Rey de los judíos», levantó sospechas por cuanto Herodes temía a cualquiera que amenazara su trono. Era un monstruo implacable que hasta mató a sus propios hijos para proteger su trono. Tuvo nueve (o diez) esposas, y fue conocido por su traición y lujuria. Siendo edomita, tenía un odio natural hacia los judíos. Herodes no sabía la Palabra de Dios, pero tuvo que preguntarles a los escribas. Los escribas la conocían, pero no la ponían en práctica. ¡Los sabios fueron tanto oidores como hacedores de la Palabra! Cuán cerca del Mesías estaban los sacerdotes y sin embargo no fueron.
La visita de los sabios es una indicación de que los gentiles un día adorarán al Rey cuando el reino se establezca en la tierra (Is 60:6). Su experiencia es una buena lección en cuanto a hallar la voluntad de Dios: (1) siguieron la luz que Dios les dio; (2) confirmaron sus pasos por medio de su Palabra; y (3) lo obedecieron sin cuestionamiento, y Él los guió en cada paso en el camino. Nótese que regresaron a su tierra «por otro camino» (v. 12). Cualquiera que viene a Cristo regresará a su casa por otro camino y será una nueva criatura (2 Co 5:17).
Mateo cita a Miqueas 5:2 para mostrar que Cristo nació donde el profeta había predicho. Dios soslayó a la orgullosa Jerusalén y escogió a la humilde Belén. El rey David nació en Belén y Cristo es el hijo de David (1:1). En el bosquejo para el capítulo 4 véanse las comparaciones entre David y Cristo.

6. El odio contra el Rey (Mateo 2:13–18)
Así como Satanás había tratado de impedir que Cristo naciera, ahora trató de destruirle después de su nacimiento (véase Ap 12:1–4). La carne batalla en contra del Espíritu y Herodes (edomita) le hizo la guerra a Cristo. No podemos sino admirar a José por su fidelidad al obedecer a Dios y cuidar a María y a Jesús. Mateo cita a Oseas 11:1 para mostrar que Cristo vendría de Egipto. Herodes mató a no más de veinte niños, puesto que no podían haber habido muchos más de esa edad en ese pueblo. Mateo vio en esto un cumplimiento de Jeremías 31:15.

7. La humildad del Rey (Mateo 2:19–23)
José usó su «sentido común santificado» y no regresó a Judea. Dios aprobó su decisión y la familia se mudó a Nazaret. Mateo se refiere a «lo que fue dicho por los profetas» (v. 23, nótese el plural), pero no da ninguna referencia específica. La palabra «nazareno» puede relacionarse a la palabra hebrea netzer, que significa «rama», «retoño» o «vástago», nombres que se aplican a Jesús. Por eso es que Mateo escribió «profetas» (plural), puesto que a Cristo se le llama «vástago» o «renuevo» en Isaías 11:1 y 4:2; también en Jeremías 23:5 y 33:15; Zacarías 3:8 y 6:12. Debido a que vivía en un lugar despreciado, Jesús era como un vástago humilde; pero el Renuevo un día florecería con belleza y gran gloria.
Nazaret era una población innoble. «¿De Nazaret puede salir algo de bueno?» (Jn 1:46). Jesús fue un Rey humilde. Se despojó y humilló a sí mismo, incluso hasta la muerte, para salvarnos (véase Flp 2:1–11).

8. Asombro (Lucas 2:41-52)
La ley exigía que todo hombre judío fuera a tres fiestas cada año en Jerusalén (Dt 16:16), pero no todos obedecían siempre. La fiesta a la cual todos trataban de asistir era la Pascua; y cuando Jesús tenía doce años (la edad en que llegaba a ser «un hijo de la ley»), fue con María y José a la fiesta. Amigos y parientes viajaban juntos y era un tiempo festivo; las mujeres y los niños iban al frente de la procesión y los hombres hacia atrás. Jesús era un niño obediente (vv. 40, 51–52) que María y José no temieron de que hiciera algo malo. ¡Imagínense su sorpresa cuando no lo hallaban!
Jesús se «llenaba de sabiduría» (v. 40) y sus preguntas y respuestas asombraron a los maestros en el templo. No debemos dar por sentado de que a la edad de doce años Jesús comprendía tanto como cuando empezó su ministerio a los treinta años (3:23); por cuanto Lucas deja bien en claro que Él «crecía en sabiduría» (v. 52). Pero ya estaba consciente de que su misión especial era estar «en los negocios de [Su] Padre».
Nazaret no era un lugar fácil como para que un chiquillo creciera allí. María tuvo otros hijos (Mt 13:54–58), de modo que Jesús creció en un hogar atestado y posiblemente pobre.

C. Comentarios
(Fuente: Barton, Dr. Bruce B., Editor. Biblia del Diario Vivir. Nashville, TN: Editorial Caribe, 2000.)
Mt 1:18 El matrimonio judío constaba de tres pasos. Primero, las dos familias se ponían de acuerdo en la unión. Segundo, se daba a conocer públicamente. En ese momento la pareja estaba comprometida oficialmente. El noviazgo (llamado en el texto «desposorio») era considerado una unión que podía ser disuelta solo por la muerte o el divorcio (también por causa de fornicación). Tercero, la pareja se casaba y comenzaba a convivir. Al estar comprometidos María y José, la aparente infidelidad de María conllevaba un estigma social severo. De acuerdo a las leyes civiles judías, José tenía el derecho de divorciarse y las autoridades judías podían apedrear a María hasta darle muerte (Deuteronomio 22:23-24).
Mt 1:18 ¿Por qué el nacimiento virginal es importante para la fe cristiana? Jesucristo, el Hijo de Dios, tuvo que ser liberado de la naturaleza pecaminosa en que nacen todos los seres humanos desde Adán. Jesús al nacer de una mujer se convirtió en un ser humano; pero por ser el Hijo de Dios nació sin el pecado humano. Él era totalmente humano y totalmente divino. Porque fue hombre, sabemos que comprende completamente nuestras circunstancias y problemas (Hebreos 4:15-16). Porque es Dios, tiene poder y autoridad para liberarnos del pecado (Colosenses 2:13–15). Podemos contarle todos nuestros pensamientos, sentimientos y necesidades. Él ha pasado por lo que nos toca pasar ahora a nosotros y tiene la capacidad para ayudarnos.
Mt 1:18–25 José enfrentó una decisión difícil al descubrir que María estaba embarazada. A pesar de estar conciente de que tomar a María como esposa podía ser humillante, eligió obedecer el mandato de Dios casándose con ella. Su acción reveló cuatro cualidades admirables: (1) principios inflexibles (Mt 1:19), (2) discreción y sensibilidad (Mt 1:19), (3) disponibilidad ante Dios, (Mt 1:24), y (4) autodisciplina (Mt 1:25).
Mt 1:19 Quizá José pensó que tenía solamente dos opciones: divorciarse de María silenciosamente o dejar que la apedrearan. Pero Dios tenía una tercera opción: que José se casara con ella (Mt 1:20–23). A José no se le ocurrió. Pero Dios, a menudo, nos muestra que tenemos más opciones de las que pensamos. A pesar de que parecía sensato que José rompiera el noviazgo, Dios lo llevó a tomar la mejor decisión. Cuando nuestras decisiones afectan la vida de otros, siempre debemos apelar a la sabiduría de Dios.
Mt 1:20 La concepción y nacimiento de Jesucristo son acontecimientos sobrenaturales que están más allá de la razón y la lógica humanas. Por eso Dios envió ángeles a ayudar a ciertas personas para que comprendieran el significado de lo que había sucedido (Mateo 1:20; 2:13,19; Lucas 1:11-12,26; 2:9). Los ángeles son seres espirituales que Dios creó que ayudan a llevar a cabo su obra en la tierra. Llevan el mensaje de Dios a la gente (Lucas 1:26), protegen al pueblo de Dios (Daniel 6:22), ofrecen estímulo (Génesis 16:7ss), dan dirección (Éxodo 14:19), llevan castigo (2 Samuel 24:16), vigilan la tierra (Zacarías 1:9–14), luchan contra las fuerzas satánicas (2 Reyes 6:16–18; Apocalipsis 20:1-2). Hay ángeles buenos y ángeles malos (Apocalipsis 12:7), pero por el hecho de que los ángeles malos están aliados con Satanás, poseen menos poder y autoridad. A la postre el papel principal de los ángeles será ofrecer continua adoración a Dios (Apocalipsis 7:11-12).
Mt 1:20–23. El ángel anunció a José que el hijo de María había sido concebido por el Espíritu Santo. Esto revela una verdad importante acerca de Jesús: Él es Dios y hombre. Dios tomó las limitaciones humanas para poder vivir y morir y así obtener la salvación de todos aquellos que creen en Él.
Mt 1:21 Jesús significa «Salvador». Jesús vino a la tierra a salvarnos porque nosotros no podíamos hacerlo. No podíamos librarnos de las consecuencias del pecado. Por buenos que seamos, no podemos eliminar la naturaleza pecaminosa presente en todos nosotros. Solo Dios puede hacer esto. Jesús no vino para que la gente se salvara a sí misma. Vino para salvarnos del poder y del castigo del pecado. Déle gracias a Cristo por haber muerto en la cruz por sus pecados, y luego pídale que tome el control de su vida. Una nueva vida empezará para usted en ese momento.
Mt 1:23 Jesús iba a ser llamado Emanuel («Dios con nosotros»), como lo predijo Isaías el profeta (Isaías 7:14). Jesús era Dios en la carne; en otras palabras: Dios entre nosotros. Por medio del Espíritu Santo, Cristo está presente en la vida de cada creyente. Quizá ni Isaías comprendió el significado de Emanuel en toda su magnitud.
Mt 1:24 José cambió de planes rápidamente luego de descubrir que María no le había sido infiel (Mt 1:19). Obedeció a Dios y prosiguió con los planes matrimoniales. A pesar de que muchos quizás no lo hubieran apoyado en su decisión, José continuó adelante con lo que sabía que era correcto. Nosotros algunas veces dejamos de hacer lo correcto por el qué dirán. Como José, debemos obedecer a Dios antes que buscar la aprobación de los demás.
Lc 2:1 Lucas es el único escritor de los Evangelios que relaciona los acontecimientos que narra con la historia mundial. Su obra se dirigía especialmente a una audiencia griega, la que estaba interesada y familiarizada con la situación política. Palestina vivía bajo el gobierno del Imperio Romano; Augusto César, el primer emperador romano, estaba a su cargo. Las autoridades romanas consideradas dioses, se erguían en contraste rígido con el bebé del pesebre, que en realidad era Dios hecho carne.
Lc 2:1 El censo romano se llevaba a cabo como una ayuda al reclutamiento militar o la recaudación de impuestos. Los judíos no tenían que servir en el ejército romano, pero no podían evitar pagar los impuestos. El decreto de Augusto César salió en el tiempo de Dios y de acuerdo a su plan perfecto para traer a su Hijo al mundo.
Lc 2:3-6 El gobierno forzó a José a recorrer una larga distancia solo para pagar su impuesto. Su prometida, que tenía que ir con él, iba a tener su bebé en cualquier momento. Pero cuando llegaron a Belén, no hallaron lugar donde hospedarse. Cuando hacemos la voluntad de Dios, no tenemos la garantía de que llevaremos una vida cómoda; se nos ha prometido que aun lo incómodo tiene significado en el plan de Dios.
Lc 2:4 Dios controla toda la historia. Por el decreto de Augusto César, Jesús nació en el pueblo profetizado (Miqueas 5:2) a pesar de que sus padres no vivían allí.
Lc 2:4 José y María eran descendientes del rey David. El Antiguo Testamento está lleno de profecías que anuncian que el Mesías nacería de la línea real de David (véanse, por ejemplo, Isaías 11:1; Jeremías 33:15; Ezequiel 37:24; Oseas 3:5).
Lc 2:7 Esta mención del pesebre es la base de la creencia tradicional de que Jesús nació en un establo. A menudo, los establos eran cuevas con depósitos cavados en las paredes rocosas (pesebres) para dar de comer a los animales. A pesar de lo que se dibuja en las tarjetas populares de Navidad, los alrededores eran oscuros y sucios. Esta no era la atmósfera que los judíos esperaban para el nacimiento del Rey Mesías. Pensaban que el Mesías prometido nacería en un ambiente real. No debemos limitar a Dios con nuestras expectativas. Él obra donde se necesita, en la oscuridad del pecado y en lo sucio del mundo.
Lc 2:7 Los pañales mantenían a la criatura abrigada y le daban un sentido de seguridad. Creían que debían proteger sus órganos internos. La costumbre de poner pañales a los bebés sigue vigente en algunos países del Medio Oriente.
Lc 2:7 Aunque nuestra primera impresión de Jesús es la de un bebé en un pesebre, no debe ser la final. El niño Cristo en el pesebre ofrece una hermosa escena de Navidad, pero no debemos dejarlo allí. Esta pequeña e indefensa criatura tuvo una vida maravillosa, murió por nosotros, ascendió a los cielos y volverá a la tierra como el Rey de reyes. Gobernará el mundo y juzgará a todas las personas de acuerdo a la decisión que hayan tomado acerca de Él. ¿Qué imagen tiene usted de Jesús, la de un bebé en el pesebre o la de su Señor? Asegúrese de no subestimar a Jesús. Permítale crecer en su vida.
Lc 2:8 Dios continúa revelando a su Hijo, pero no a los que esperaríamos. Lucas narra que el nacimiento de Jesús se les anunció a los pastores de la región. Estos quizás eran los abastecedores de ovejas para los sacrificios en el templo, ofrecidos para el perdón de los pecados. Los ángeles invitaron a estos pastores a recibir al Cordero de Dios (Juan 1:36) que quitaría los pecados de todo el mundo para siempre.
Lc 2:8-15 ¡Qué anuncio de nacimiento! Los pastores se aterrorizaron, pero su temor se convirtió en gozo al recibir de los ángeles el anuncio del nacimiento del Mesías. Primero corrieron a ver a la criatura; luego divulgaron la noticia. Jesús es su Mesías, su Salvador. ¿Procura reunirse con Él cada día mediante la oración y la Palabra? ¿Ha descubierto usted a un Dios tan maravilloso que no puede dejar de testificar de su gozo a sus amigos?
Lc 2:9-10 ¡Ya ocurrió el hecho más grande de la historia! ¡El Mesías nació! Por siglos los judíos lo esperaron y cuando al fin sucedió, el anuncio vino a los humildes pastores. Las buenas nuevas acerca de Jesús es que Él va a todos, tanto al rico como al pobre. Llega a cualquiera que tenga corazón humilde y desee aceptarlo. No importa quién sea, ni lo que haga, usted puede tener a Jesús en su vida. No piense que necesita cualidades extraordinarias, Él lo acepta tal como es.
Lc 2:11-14 Algunos de los judíos esperaban al Mesías para que los librara del poder romano, otros esperaban que los librara de limitaciones físicas. Pero Jesús, al mismo tiempo que curaba enfermedades y establecía su reino espiritual, los libraba del pecado. Dejó atrás todas sus expectativas. Pagó el precio del pecado y abrió el camino hacia Dios. Él nos ofrece más que cambios superficiales, políticos o físicos. Nos ofrece nuevos corazones que serán nuestros por la eternidad.
Lc 2:14 La historia del nacimiento de Jesús resuena con música que ha servido de inspiración a los compositores durante dos mil años. El cántico de los ángeles aún es favorito. A menudo llamado Gloria, es la primera palabra usada en la traducción latina de este verso, la base de obras corales modernas, villancicos tradicionales de Navidad y melodías litúrgicas antiguas.
Lc 2:21–24 Las familias judías acostumbraban llevar a cabo ceremonias luego del nacimiento de una criatura. (1) Circuncisión. A cada niño se le circuncidaba y se le ponía nombre después del octavo día de su nacimiento (Levítico 12:3; Lucas 1:59-60). La circuncisión simbolizaba la separación de judíos y gentiles y su relación especial con Dios. (2) Redención del primogénito. El hijo primogénito se presentaba un mes después de su nacimiento (Éxodo 13:2,11–16; Números 18:15-16). La ceremonia incluía volver a comprar «redimir», el niño de Dios mediante una ofrenda. Además, los padres tenían en mente que el niño pertenecía a Dios, quien es el único que tiene poder para dar vida. (3) Purificación de la madre. Cuarenta días después del nacimiento de un hijo y ochenta días después del nacimiento de una hija, la madre permanecía impura ceremonialmente y no podía entrar al templo. Al final del tiempo de separación, los padres iban y traían un cordero para ofrecerlo y una paloma en ofrenda por el pecado. El sacerdote podía sacrificar estos animales y declarar su pureza. Si un cordero era caro, los padres podían traer una segunda paloma en su lugar. Esto es lo que María y José hicieron. Jesús era el Hijo de Dios y su familia llevó a cabo estas ceremonias de acuerdo a las leyes de Dios. Él no nació bajo la Ley, en cambio y a pesar de esto, la cumplió a la perfección.
Lc 2:28-32 Cuando María y José llevaron a Jesús al templo para dedicarlo a Dios, se encontraron con un anciano que les dijo lo que este niño sería. El cántico de Simeón se le llama a menudo Nunc Dimitis, expresión que viene de las primeras palabras de la traducción latina de este mensaje. Simeón pudo morir en paz porque vio al Mesías.
Lc 2:32 Los judíos estaban al tanto de las profecías del Antiguo Testamento que hablaban de las bendiciones del Mesías a su nación. No siempre daban igual atención a las profecías que anunciaban que no solo salvaría a los judíos, sino a todo el mundo. (véase, por ejemplo, Isaías 49:6). Muchos pensaban que Él vino a salvar solamente a su pueblo. Lucas aseguró a su audiencia judía que Jesús vino a salvar a todo aquel que creyera.
Lc 2:33 José y María se maravillaron por tres razones: Simeón dijo que Jesús era un don de Dios; lo reconoció como el Mesías; y agregó que Jesús sería la luz para todo el mundo. Esta era, al menos, la segunda vez que recibían a María con una profecía relacionada con su Hijo; la primera fue cuando Elisabet la recibió como la madre de su Señor (1:42–45).
Lc 2:34-35 Simeón profetizó que Jesús sería una señal paradójica. Algunos caerían por causa de Él (véase Isaías 8:14-15), mientras que otros se levantarían (véase Malaquías 4:2). Con Jesús no habría una posición neutral, la gente lo aceptaría con alegría o lo rechazaría por completo. Como la madre de Jesús, sufriría debido al rechazo generalizado que Él enfrentaría. Esta es la primera nota triste en el Evangelio de Lucas.
Lc 2:36 A pesar de que Simeón y Ana eran muy ancianos, tenían la esperanza de que verían al Mesías. Guiados por el Espíritu Santo, fueron los primeros en testificar de Jesús. En la cultura judía, los ancianos eran muy respetados y las profecías de Simeón y Ana tenían un peso mayor debido a la edad avanzada. Nuestra sociedad, sin embargo, valora más la juventud que la sabiduría y las contribuciones potenciales que provengan de mayores ni se toman en cuenta. Como cristianos, debiéramos invertir dichos valores cuando sea posible. Estimule a los ancianos para que trasmitan su sabiduría y experiencia. Escuche atentamente cuando hablen. Ofrézcales su amistad y ayuda para encontrar vías a fin de que continúen el servicio a Dios.
Lc 2:36-37 Ana era llamada profetisa, lo que significa que tuvo un acercamiento a Dios poco común. Los profetas y profetisas no necesariamente predecían el futuro. Su papel principal era hablar de parte de Dios y proclamar su verdad.
Mt 2:1 Belén es un pueblo pequeño que se halla tres kilómetros al sur de Jerusalén en una colina 600 metros sobre el nivel del mar. Es mencionado con más detalles en el Evangelio de Lucas. La información que da Lucas también explica por qué José y María se encontraban en Belén cuando Jesús nació, en lugar de Nazaret, su ciudad de origen.
Mt 2:1 La tierra de Israel había sido dividida en cuatro distritos políticos y en varios territorios pequeños. Judea estaba al sur, Samaria en el centro, Galilea al norte e Idumea al sudeste. Belén de Judea fue profetizado como el lugar de nacimiento del Mesías (Miqueas 5:2). Jerusalén estaba también en Judea y era la sede del gobierno de Herodes el Grande, el que reinó sobre los cuatro distritos políticos. Después de la muerte de Herodes, los distritos fueron asignados a tres reyes. A pesar de que fue insensible y malvado al asesinar a muchos de su propia familia, Herodes el Grande supervisó la renovación del templo, haciéndolo más grande y hermoso. Esto lo hizo muy popular ante muchos judíos. Jesús visitó Jerusalén muchas veces porque allí se llevaban a cabo las más grandes festividades judías.
Mt 2:1-2 No se sabe mucho de estos magos (sabios). No sabemos cuántos fueron ni de dónde vinieron. La tradición dice que eran hombres de alta posición de Partia, cerca de la antigua Babilonia. ¿Cómo supieron que la estrella representaba al Mesías? (1) Quizás eran judíos de los que permanecieron en Babilonia después del exilio, y por eso conocían las predicciones del Antiguo Testamento acerca de la venida del Mesías. (2) Quizás eran astrólogos orientales que estudiaban manuscritos antiguos de todo el mundo. Debido al exilio judío de siglos anteriores, seguramente había ejemplares del Antiguo Testamento en su tierra. (3) Puede ser que recibieran un mensaje especial de Dios y dirección para encontrar al Mesías. Algunos eruditos dicen que eran de diferentes lugares, y que representaron al mundo entero al postrarse ante Jesús. Aquellos hombres de tierras lejanas reconocieron en Jesús al Mesías cuando la mayoría de los elegidos de Dios en Israel no lo hicieron. Mateo describe a Jesús como Rey de todo el mundo, no solo de Judea.
Mt 2:1-2 Los magos viajaron miles de kilómetros para ver al Rey de los judíos. Cuando lo encontraron, reaccionaron con gozo, adoración y le dieron regalos. Cuán diferente a la forma en que reacciona la gente hoy. Esperamos que Dios venga a buscarnos, que se dé a conocer, que demuestre quién es y que nos dé regalos. Pero los que son sabios todavía buscan a Jesús y lo adoran, no por lo que pueden conseguir, sino por lo que Él es.
Mt 2:2 Los magos dijeron que habían visto la estrella de Jesús. Balaam se refiere a la venidera «estrella de Jacob» (Números 24:17). Algunos dicen que probablemente fue una conjunción de Júpiter, Saturno y Marte que se vio el año 6 a.C. y otros dan otras explicaciones. Pero, ¿el Dios que creó los cielos, no pudo haber hecho una estrella especial para anunciar la llegada de su Hijo? Sin importar mucho la naturaleza de la estrella, estos sabios viajaron miles de kilómetros en busca de un Rey, y lo hallaron.
Mt 2:3 Herodes el Grande se sintió muy mortificado cuando los magos preguntaron acerca del rey recién nacido porque: (1) Herodes no era el heredero al trono de David, y muchos judíos lo odiaban por usurpador. Si Jesús era el verdadero heredero, habría problemas. (2) Herodes era cruel y, al tener muchos enemigos, vivía temiendo que alguno intentara derrocarlo. (3) Herodes no quería que los judíos, gente religiosa, se unieran alrededor de una figura religiosa. (4) Si aquellos magos eran descendientes de judíos y eran de Partia (la región más poderosa después de Roma), se alegraban del nacimiento de un rey judío que pudiera balancear el poder a expensas de Roma. Israel, que estaba lejos de Roma, podría ser presa fácil de una nación que intentara extender sus dominios.
Mt 2:4 Los principales sacerdotes y maestros de la Ley tomaron en cuenta Miqueas 5:2 y otras profecías sobre el Mesías. Las noticias de los magos inquietaron a Herodes porque él sabía que los judíos esperaban la pronta venida del Mesías (Lucas 3:15). La mayoría de los judíos esperaban que el Mesías fuera un gran militar y un libertador político, como Alejandro el Grande. Los consejeros de Herodes pudieron haberle dicho esto. Herodes no quiso correr ningún riesgo y ordenó la muerte de todos los bebés en Belén (Mt 2:16).
Mt 2:5-6 Mateo a menudo se refiere al Antiguo Testamento. Esta profecía, una paráfrasis de Miqueas 5:2 fue anunciada siete siglos antes.
Mt 2:6 Muchos líderes religiosos creían en el cumplimiento literal de todas las profecías del Antiguo Testamento, por lo tanto creían que el Mesías nacería en Belén. Irónicamente, cuando Jesús nació, estos mismos líderes religiosos vinieron a ser sus más grandes enemigos. Cuando el Mesías, a quien estaban esperando, finalmente vino, no lo reconocieron.
Mt 2:8 Herodes no quería adorar a Cristo, estaba mintiendo. Era una trampa para lograr que los magos regresaran y le revelaran los detalles del rey recién nacido. El plan de Herodes era darle muerte.
Mt 2:11 Jesús tenía probablemente uno o dos años cuando los magos lo hallaron. En ese entonces, María y José ya estaban casados, viviendo en una casa, e intentando permanecer en Belén por un tiempo.
Mt 2:11 Los magos le dieron estos regalos caros porque eran presentes valiosos para el futuro rey. Los estudiantes de la Biblia han visto en los regalos, símbolos de la identidad de Cristo y lo que Él podría lograr. El oro era un regalo digno de un rey; el incienso, un regalo para una divinidad; la mirra, una especie para un hombre mortal, que iba a morir. Estos regalos pudieron proveer recursos económicos para el viaje de la familia en su regreso a Egipto.
Mt 2:11 Los magos le ofrecieron presentes y adoraron a Jesús por lo que Él era. Esta es la esencia de la verdadera adoración: honrar a Cristo por su persona y estar dispuesto a darle lo que consideramos valioso. Adore a Dios porque es perfecto, justo y creador poderoso del universo, digno de lo mejor que uno puede dar.
Mt 2:12 Después de encontrar a Jesús y adorarlo, los magos recibieron la advertencia de no regresar a Jerusalén como ellos intentaban. Encontrar a Jesús puede significar que su vida deba tomar una dirección diferente, obediente y abierta a la Palabra de Dios. ¿Anhela usted seguir un camino diferente?
Mt 2:13 Este es el segundo sueño o visión que José recibió de Dios. Su primer sueño reveló que el hijo de María sería el Mesías (Mt 1:20-21). Su segundo sueño le anunció cómo debería proteger la vida del niño. A pesar de que José no era su padre natural, era su padre legal y tenía la responsabilidad de protegerlo y buscar su bienestar. La dirección divina viene solo a corazones preparados. Desde su primera visión de Dios, José no se convirtió en una persona orgullosa, sino que permaneció receptivo a la dirección de Dios.
Mt 2:14-15 Ir a Egipto no era extraño porque allí había colonias judías en las ciudades principales. Estas colonias se formaron durante el tiempo de la gran cautividad (véase Jeremías 43–44). Hay un paralelo interesante entre esta huida a Egipto y la historia de Israel. Cuando Israel era una nación en ciernes, se fue a Egipto, como Jesús lo hizo cuando era niño. Dios sacó de allí a Israel (Oseas 11:1). Dios trajo de regreso a Jesús. Ambos hechos muestran a Dios en acción para salvar a su pueblo.
Mt 2:16 Herodes, rey de los judíos, dio muerte a todos los niños menores de dos años, con la idea obsesiva de matar a Jesús, el rey recién nacido. Se manchó las manos con sangre, pero no logró dañar a Jesús. Era rey por mandato humano, Jesús lo era por mandato divino. Nadie puede alterar los planes de Dios.
Mt 2:16 Herodes temía que aquel rey recién nacido algún día lo destronara. No comprendía la razón de la venida de Cristo. Jesús no quería el trono de Herodes, sino ser el Rey en la vida de Herodes. Quería darle una vida eterna, no quitarle su vida presente. La gente hoy, a menudo, teme que Jesús le quite algo, cuando en realidad quiere darle verdadera libertad, paz y gozo.
Mt 2:17-18 Raquel fue la esposa de Jacob, uno de los grandes hombres de Dios en el Antiguo Testamento. De los doce hijos de Jacob salieron las doce tribus de Israel. Raquel fue sepultada cerca de Belén (Génesis 35:19). Para tener una idea más amplia acerca del significado de este texto véase Jeremías 31:15, donde está el pasaje que se cita.
Mt 2:19–22 Herodes el Grande murió en 4 a.C. de una enfermedad incurable. Roma confiaba en él, pero no en sus hijos. Herodes sabía que Roma no daría a su sucesor tanto poder, de manera que dividió su reino en tres partes, una para cada hijo. Arquelao recibió Judea, Samaria e Idumea; Herodes Antipas consiguió Galilea y Perea; Herodes Felipe II recibió Traconite. Arquelao, un hombre violento, empezó su reinado dando muerte a tres mil personas influyentes. Fue deportado nueve años más tarde. Dios no quiso que la familia de José fuera a la región donde gobernaba este malvado.
Mt 2:23 Nazaret se hallaba en la zona montañosa del sur de Galilea, cerca al gran cruce de caravanas. La gente de Nazaret tenía contacto constante con personas de todo el mundo, de modo que las noticias les llegaban rápidamente. El pueblo en sí no era grande. La guarnición romana encargada de Galilea estaba establecida allí, lo que hacía que muchos judíos la despreciaran. Quizás por eso Natanael comentó: «¿Puede salir algo bueno de Nazaret?» (Juan 1:46).
Mt 2:23 El Antiguo Testamento no registra específicamente las palabras «el Mesías sería llamado nazareno». Muchos eruditos creen, sin embargo, que Mateo se estaba refiriendo a Isaías 11:1 donde la palabra hebrea «vástago» es similar a la palabra «nazareno». O quizás se refería a una profecía no registrada. Como sea, Mateo describe a Jesús como el verdadero Mesías, el que Dios anunció por medio de los profetas. Subrayó que Jesús, el Cristo, había tenido comienzos inesperados y humildes, tal como el Antiguo Testamento lo había predicho (véase Miqueas 5:2).
Lc 2:39 ¿Regresaron María y José de inmediato a Nazaret o permanecieron en Belén por un tiempo (como deja implícito Mateo 2)? Al parecer, hay un vacío de varios años entre los versículos 38 y 39, suficiente para que encontraran casa en Belén, escaparan a Egipto de la ira de Herodes y regresaran a Nazaret cuando la situación fuera segura.
Lc 2:40 No sorprende que Jesús demostró más sabiduría de la acostumbrada con su edad, puesto que permaneció en contacto con su Padre celestial. Dios dice, en Santiago 1:5, que está dispuesto a conceder sabiduría en abundancia a los que la piden. Como Jesús, podemos crecer en sabiduría caminando con Dios.
Lc 2:41-42 De acuerdo a las leyes de Dios, a cada hombre se le requería que fuera a Jerusalén tres veces al año para las grandes fiestas (Deuteronomio 16:16). La Pascua se celebraba en la primavera, le seguía de inmediato toda una semana, la Fiesta de los Panes sin Levadura. La Pascua conmemora la noche de la huida de los judíos de Egipto, cuando el ángel del Señor dio muerte a los primogénitos de Egipto y pasó por alto los hogares de los israelitas (Éxodo 12:21–36). La Pascua era la más importante de las tres fiestas anuales.
Lc 2:43-45 A los doce años de edad, a Jesús lo consideraron casi un adulto, de ahí que no pasó mucho tiempo con sus padres en la fiesta. Los que asistían a estas festividades, a menudo viajaban en caravanas para protegerse de los asaltos en los caminos de Palestina. Se acostumbraba que mujeres y niños viajaran al frente de la caravana y que los hombres cerraran la marcha. A los doce años, un niño podía participar en cualquiera de los dos grupos y María y José pensaron que Jesús estaba en el grupo del otro. Pero cuando la caravana dejaba Jerusalén, Jesús se quedó cautivado en su discusión con los líderes religiosos.
Lc 2:46-47 La escuela del templo, una clase de seminario, fue famosa a través de Judea. El apóstol Pablo estudió allí bajo la enseñanza de Gamaliel, uno de los maestros más famosos (Hechos 22:3). Durante la Pascua, los más destacados rabinos de la tierra se reunían para enseñar y discutir las grandes verdades. La venida del Mesías, sin duda, era un tópico de discusión popular para todo el mundo que esperaba su pronta aparición. Jesús era lo suficiente maduro como para escuchar y responder preguntas. No era su juventud, sino la profundidad de sus pensamientos lo que asombraba a estos maestros.
Lc 2:48 María tuvo que dejar ir a su hijo y permitirle que se convirtiera en un hombre, el Hijo de Dios, el Mesías. Temerosa de no ser lo bastante cuidadosa con el niño que Dios le dio, lo buscó desesperada. Pero ella buscaba a un niño, no al joven que sorprendía a los líderes religiosos con sus preguntas. Es difícil dejar ir a personas o proyectos que hemos forjado. Es tierno y doloroso a la vez ver a nuestros hijos convertidos en adultos, nuestros alumnos en profesores, nuestros subordinados en jefes, nuestras inspiraciones en instituciones. Pero cuando llega el tiempo en que debemos dejar ir, hay que hacerlo a pesar de nuestro dolor. Luego nuestros protegidos pueden ejercitar sus alas, y alzar el vuelo y elevarse al Dios altísimo destinado para ellos.
Lc 2:49-50 Esta es la primera insinuación de que Jesús era el Hijo de Dios. Sin embargo, a pesar de dar a entender que conocía a su verdadero Padre, Jesús no rechazaba sus padres terrenales. Volvió a Nazaret con María y José y vivió bajo su autoridad por otros dieciocho años. El pueblo de Dios no desprecia las relaciones humanas ni las responsabilidades familiares. Si el Hijo de Dios, Jesucristo, obedeció a sus padres humanos, ¡cuánto más nosotros debiéramos honrar a los miembros de nuestra familia! El ser enviado para trabajar en la obra de Dios no justifica la negligencia con la familia.
Lc 2:50 Los padres de Jesús no entendieron lo que quiso decir cuando hablaba de la casa de su Padre. No dedujeron que hacía una distinción entre su padre terrenal y su Padre celestial. A pesar de que sabían que Él era Hijo de Dios, no entendían qué involucraba su misión. La otra parte es que lo debían criar junto con sus hermanos (Mateo 13:55-56) como un niño normal. Sabían que era especial, pero desconocían qué tenía Él en mente.
Lc 2:52 La Biblia no narra ningún acontecimiento en los próximos dieciocho años en la vida de Jesús, pero Él aprendía y maduraba. Como el mayor en una familia numerosa, ayudó a José en la carpintería. Tal vez José murió en este lapso; dejando en manos de Jesús la responsabilidad de cuidar a la familia. Las rutinas normales de su vida cotidiana le dieron una comprensión sólida de la gente de Judea.
Lc 2:52 El segundo capítulo de Lucas nos muestra que aunque Jesús era especial, tuvo una niñez y una juventud normales. En términos de desarrollo, era como nosotros. Creció física y mentalmente, se relacionó con otros y Dios le amó. Una vida humana íntegra no está desequilibrada. Fue importante para Jesús, y debiera serlo para todos los creyentes, desarrollar armoniosamente cada uno de estos campos básicos: físico, mental, social y espiritual.